Desde hace tiempo, las macrogranjas se ubican en el centro del debate público en España. La polémica se debe a los efectos medioambientales de esta práctica ganadera. El impacto va desde la contaminación del agua hasta  la emisión de gases nocivos, y afecta a la calidad de vida de poblaciones enteras. Sin embargo, existe una solución biotecnológica para reducir el impacto ambiental y producir biogás, un biocombustible que se puede convertir en electricidad. 

Si bien no posee una definición oficial, el término macrogranja describe las instalaciones de ganadería industrial donde se cría a un número grande de animales. El objetivo de estas instalaciones es obtener la máxima producción a un bajo coste y en el menor tiempo posible. De acuerdo con el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes, hay unas 3.200 grandes granjas de cerdos con más de 2.000 animales de cebo. 

Contaminación de suelos y emisión de gases nocivos: el impacto de las macrogranjas 

Uno de los grandes desafíos que presentan las macrogranjas es el tratamiento de purines. Cada año, la producción ganadera produce 80 millones de toneladas de estiércol, según datos del Ministerio de Agricultura. Esta cantidad de purines sobrepasa la capacidad de absorción de los suelos, y se transforma en un poderoso contaminante de suelos y acuíferos. Las filtraciones son abundantes debido a la difícil tarea de contener de manera sostenible estos residuos. La contaminación del agua que se bebe o se utiliza para regar amenaza la calidad de vida de las poblaciones cercanas a las macrogranjas. 

La contaminación de las aguas superficiales y subterráneas por nitratos procedentes de «fuentes agrarias» es uno de los problemas ambientales más importantes de España. El origen de buena parte del problema se encuentra en el elevado número, concentración y mala gestión de granjas de cerdos. Otro de los problemas es la inadecuada aplicación de los purines de estas granjas como fertilizantes agrícolas. 

Según los datos del Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes (PRTR), la distribución de las macrogranjas por el territorio español no es homogénea. 1.372 municipios tienen instalada actualmente en su superficie al menos una de estas grandes instalaciones de ganadería intensiva. Es decir, en el 16,9% de todos los municipios del país, con especial incidencia en las comunidades autónomas de Aragón y Cataluña y en las zonas con mayor despoblación. 

Digestión anaerobia, la solución para la contaminación de las macrogranjas 

Una solución al problema de tratamiento de purines es su valorización a través de biorreactores de digestión anaerobia. Este proceso genera, por un lado, un digestato rico en nutrientes para ser aplicado como fertilizante orgánico 100% natural y, por otro lado, se obtiene biogás, el cual puede ser empleado como energía renovable en la generación eléctrica y térmica o, incluso, como combustible para uso vehicular. 

Además de los digestores convencionales en el mercado, ProCycla ha desarrollado y patentado su propio reactor, además de un sistema de biofiltración, de bajo consumo energético y bajo coste de mantenimiento, empleado para la limpieza y eliminación de los compuestos nocivos presentes en el biogás. El biogás es un recurso energético interesante, además de renovable, por sus múltiples posibilidades de autogeneración y potencial en zonas rurales. Otorga un valor económico añadido y promueve el ahorro energético al unirse a la generación al consumo. El biogás tiene un poder calorífico superior al 50% del que posee el gas natural. Permite reutilizar residuos ganaderos, agroindustriales, lodos de depuradora y residuos domésticos para obtener energía, evitando su desecho, de manera local y asequible. 

La eficacia de las plantas de biogás se refleja en el uso por toda Europa. En Europa hay más de 19.000 plantas de biogás. Sólo en Alemania, 8.000. En España hay menos de 250. La razón de este crecimiento es que el biometano puede desplazar gradualmente al gas natural de origen fósil. Es plenamente intercambiable en aplicaciones intensivas en energía o difícilmente electrificables, como el transporte pesado o la industria intensiva en uso de energía térmica. 

España avanza en la legislación para la producción de biogás 

Recientemente, el Gobierno de España aprobó la Hoja de Ruta del Biogás. En concreto, se prevé multiplicar por 3,8 la producción de biogás en 2030. Actualmente hay menos de 150 instalaciones de biogás en el país, que en conjunto suman una producción energética de 2,74 TWh. El MITECO ya ha activado una línea de ayudas de 150 millones para proyectos singulares de biogás con cargo al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. 

Además, esta normativa plantea la creación de garantías de origen para el gas de origen renovable, ya en tramitación, y la posibilidad de fijar objetivos y cuotas de suministro o uso para desarrollar el mercado. En este sentido, hace pocos días el Gobierno creó un Censo de Instalaciones de Producción de gas procedente de fuentes renovables. El objetivo es identificar y certificar los gases de origen renovable, como el biogás o el hidrógeno, con un sistema similar al que se aplica a la electricidad renovable. 

Una de las ventajas de esta normativa es que permitirá a los comercializadores y consumidores diferenciarlos del gas de origen fósil. El Decreto incorpora los criterios de sostenibilidad y de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de la normativa UE. Se fija el objetivo del 12% del consumo para los biocarburantes en el transporte en 2026. 

Conclusión: plantas de biogás para aprovechar el potencial de las biogranjas

Según el MITECO, nuestro país presenta un gran potencial de generación de biogás obtenido a partir de residuos agroalimentarios, así como de lodos procedentes de EDAR. La razón es que cuenta con una industria de gran tamaño y numerosas pymes que operan en este sector. 

Las plantas de biogás representan una excelente herramienta para reducir el impacto ambiental de la ganadería intensiva. Además de reducir el impacto ambiental de instalaciones ganaderas como las macrogranjas, permiten la producción de biometano, un producto que puede reemplazar al gas natural de origen fósil.